Batracio

Capítulo 4: No Es Solo por Eso

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1 Noviembre, 2017

Desde que tengo novia, vivo en una nube de algodón. Estoy tan a gusto con ella que apenas echo de menos mi planeta.
Hace ya tres años que estamos juntos, y en este tiempo hemos compartido muchas cosas. Es verdad que últimamente escribo menos canciones, pero a cambio he descubierto un montón de juegos muy divertidos que antes no conocía, como pasear de la mano, combinar la ropa o dejar que me explote los granos.

Pero sin duda, mi mayor descubrimiento ha sido el sexo.
¡Nunca dejan de sorprenderme los humanos! Si ya era divertido convivir con ellos, practicar el sexo se lleva la palma. ¡Qué juego tan ingenioso! En él nunca pierde nadie, y todos se lo pasan bien.
Algunas veces lo llaman “hacer el amor”, y dicen que es lo mismo pero con alguien a quien quieres de verdad. ¡Qué raro! No sabía que se pudiera querer de mentira… Pero bueno; también he aprendido que en algunos aspectos es mejor no intentar comprender a los humanos.

Todo lo que sé sobre el sexo lo he aprendido con mi novia. Y es que cuando empezamos a salir, estábamos todo el rato jugando. Lo practicábamos a todas horas: por la mañana, por la noche, en el salón, en la cocina… ¡No podíamos parar!
Después nos fuimos tranquilizando, y poco a poco bajamos el ritmo. Pero creo que hacerlo tantas veces nos ayudó a conocernos mejor y a estar cada vez más unidos.

Sin embargo, nunca pensé en casarme con ella. ¿Para qué? Las bodas son otra de esas cosas absurdas que no entiendo de los humanos. Una vez me invitaron a una, y tuve que salir corriendo…
Había un hombre muy raro vestido de negro, que decía cosas sin ningún sentido, y todos le miraban con cara de aburrimiento. Al principio pensé que jugaban a ver quién hacía el bostezo más grande, pero después comprendí que no… Realmente estaban tan aburridos como yo. Pero lo que más me desconcertó fue que nadie se atrevía a irse de allí. ¡Que juego tan absurdo!

Menos mal que mi novia no insistió mucho en que nos casáramos. Aunque en la Tierra todo el mundo lo hace, para ella lo más importante era que estuviéramos juntos, y no le importaba lo que dijeran los demás.

Qué suerte tuve de encontrar a alguien así…

Un día quise sincerarme con ella, y le conté toda mi historia. Le expliqué quién soy y de dónde vengo, pero ella no se sorprendió nada. Tan solo me dio unas palmaditas en la cabeza.
–Claro, claro —me dijo.
Y cambió de tema.

Aquel día supe que me quería de verdad, y por eso me aceptaba tal y como soy.


Texto: Miguel de Lucas (Dr. Sapo)
Ilustraciones: Diego Alcalá

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