Batracio

Capítulo 6: Por Si Sale un Velero

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15 Noviembre, 2017

¿Qué buscan los humanos?
Últimamente no dejo de hacerme esta pregunta. Desde que vivo en la Tierra he disfrutado mucho con ellos, y he tratado de aceptarles tal y como son.
Por eso me siento tan decepcionado, al comprobar lo tramposos que pueden ser algunas veces…

Hace meses recibí la llamada de un señor muy simpático. Su voz me recordaba un poco al médico que me recetó aquellas pastillas, pero no le di importancia. Al parecer estaba enamorado de mis canciones, y aseguraba que yo tenía por delante una carrera prometedora como artista.

Resultó ser manager musical, y me propuso firmar un contrato con él. Me dijo que con su ayuda ganaría mucho más dinero, sonaría por la radio, y todos querrían hacerse fotos conmigo. ¡Qué suerte! Pensé… Tener alguien a mi lado que me ayude a conseguir conciertos y vender mis canciones.
Sin embargo, todo resultó ser un montón de mentiras; y desde que firmé aquel contrato, no han surgido más que problemas: que si tengo que cambiar el estribillo, que si no hemos cobrado todavía, que si ya te llamaré…

Por lo visto, la industria musical no está hecha para mí. ¡Yo solo quiero ganarme la vida con mis canciones!

¿Qué buscan los humanos?
He intentado preguntárselo a mis amigos los pájaros, pero ya no me entienden… o quizá sea yo el que no sabe escucharles. Sus voces siguen siendo muy hermosas, pero cada vez se vuelven más difusas, como una melodía sin letra.

Parece que el trato con las personas me está haciendo perder poco a poco mis antiguas habilidades. Ya no busco formas en las nubes, ni camino descalzo sobre la hierba, ni escucho los mensajes ocultos del viento…
Es como si mi cuerpo se estuviera adormeciendo con el paso de los años. Como si las preocupaciones empezaran a hacer mella en mí, en mis ganas de jugar, de sentir, de volar…

–¿Qué te pasa? —me preguntó un día mi novia—. ¿Por qué estás triste?
–Los humanos hacen cosas horribles. Y por más que lo intento, no consigo entenderles —contesté.
–Pero tú también lo eres, ¿no te das cuenta?
Aunque su tono era de cierto reproche, su mirada estaba tan llena de amor que me hizo dudar.
–Si… Lo sé… Pero…
–No pienses más en ello —me interrumpió—. Duerme un rato, y cuando despiertes seguro que te encuentras mejor.

Pero no fue así. ¡Al contrario!
Todo empeoró cuando compramos aquel aparato. Al principio pensé que sería divertido mirarlo, y que con él descubriría un montón de juegos, hasta ese momento desconocidos para mí. Pero nada de eso…
La televisión solo mostraba la cara más fea de los humanos: sus dudas y sus engaños, salían por aquella pantalla inundándolo todo. Sin embargo, mirarla me hizo entenderles un poquito más… ¡Estuve tres horas totalmente hipnotizado! Y cuando por fin me liberó, ya no me apetecía jugar con nadie. De hecho, tardé varios días en recuperar las ganas.

Aquella fue la gota que colmó el vaso.
Comprendí que los humanos viven inmersos en una gran mentira, y supe que no quería formar parte de ella.


Texto: Miguel de Lucas (Dr. Sapo)
Ilustraciones: Diego Alcalá

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