Batracio

Capítulo 7: Andrés Poeta

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22 Noviembre, 2017

Creo que los humanos se han olvidado de jugar.
Me he dado cuenta de que incluso las cosas que para ellos son un juego, en realidad no les divierten nada. En el fútbol por ejemplo… ¿Por qué están todo el rato enfadados?
Hay un señor vestido de blanco que gana todos los partidos, pero siempre tiene un cabreo inmenso. ¿Será que le pagan muy poco? No sé… Pero todos los niños quieren parecerse a él.
Definitivamente, no tiene sentido.

Ante este panorama, no me extraña que algunas personas decidan salirse de la partida y vivir a su aire, completamente al margen de las normas establecidas.

Este es el caso de mi amigo Andrés.
Andrés es un tipo genial, un poeta incomprendido, un humano inadaptado que solo intenta ser feliz.
Os cuento cómo le conocí.
Fue el verano pasado en un chiringuito de la costa gaditana. Él estaba sentado en una hamaca, fumándose una trompeta mientras escuchaba mi concierto con una enorme sonrisa en la cara. Su aspecto era bastante peculiar: tenía el pelo alborotado, la barba puntiaguda, y un pendiente de aro en la nariz. Andrés tenía pinta de poeta, y me llamó la atención desde el principio.

Después del concierto se acercó para saludarme. Yo le invité a una cerveza, y él me dio una calada de su trompeta humeante.
¡Qué bien lo pasamos! ¡Nos reímos muchísimo! Andrés transmitía mucha confianza, y desde el principio sentí que podía hablar con él con total libertad. Esa noche nos hicimos amigos.
Le conté todas mis preocupaciones, le hablé de mi tristeza, de mis dudas… Él parecía saber exactamente cómo me sentía.

Andrés me dijo que en el fondo todos los humanos están buscando lo mismo, aprender a volar. Pero con tanto ruido no pueden escuchar con claridad su corazón, y por eso están tan enfadados con el mundo.

–¿Por qué fumas eso? —le pregunté curioso.
–El humo me aísla del ruido y me ayuda a escribir poemas —contestó sonriente—. Y tú, ¿por qué cantas?
–Una vez intenté ayudar a un niño, y desde entonces, cada vez que canto siento que él me está ayudando a mí —afirmé.
Andrés me miró con cara de sorpresa. Después se acomodó aún más en su hamaca, le dio otra calada a su trompeta y volvió a sonreír.
–Me gustan tus canciones —comentó muy despacio—. Hablan de volar.
–En mi planeta todos pueden volar —pensé en voz alta.
–Deberías ayudar a los humanos con tus canciones —continuó Andrés sin inmutarse—. Ellos no se dan cuenta de nada, pero tú sí… Deberías ayudarles a cambiar.
–¿Yo? Pero… ¿Cómo?
–No intentes gustarles —contestó—. Simplemente déjate llevar, y la música hará el resto.

Es curioso…
Cuando ya has perdido toda esperanza, de pronto encuentras a alguien como tú y te das cuenta de que no estás solo.


Texto: Miguel de Lucas (Dr. Sapo)
Ilustraciones: Diego Alcalá

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