Batracio

Capítulo 8: Prefiero a los Malos

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29 Noviembre, 2017

Por algún motivo que desconozco, todas mis experiencias negativas en la Tierra se pueden asociar con un color determinado:
De negro iba aquel señor tan raro en la boda de mi amigo. Blanca era la bata del médico que casi me envenena con aquellas pastillas. En números rojos me quedé por hacer tratos con aquel manager musical. Por cierto, no os lo he contado… Cuando volvía de Cádiz, unos señores de verde me multaron y me robaron la pipa de la paz que me había regalado Andrés. ¡Qué desgracia!

Pero la última no os la vais a creer…
El otro día, unos señores de azul nos echaron de casa. Rompieron la cerradura y nos dijeron que saliéramos inmediatamente, y que no opusiéramos resistencia porque entonces se verían obligados a utilizar la fuerza. La verdad, muy fuertes no parecían. Pero con los garrotes que llevaban, y esa cara de no haber desayunado, cualquiera les decía nada.

Después supimos que se trataba de un desahucio por impago de la hipoteca.
Hay que ver, cómo les gusta a los humanos ponerle nombres raros a las cosas más desagradables. Creo que lo hacen para despistar, y que al pronunciarlas parezcan distintas de lo que son en realidad. Vamos… ¡echarte de casa!

De todas formas esto se veía venir, porque llevábamos meses recibiendo cartas amenazantes del banco. ¿Y qué podíamos hacer?… Cada vez se venden menos canciones y los gastos no paran de subir.
Una mañana intenté hablar con el señor del banco para que nos ampliara el plazo de la hipoteca, pero no sirvió de nada. Al parecer venía de un planeta aún más lejano que el mío, porque ni siquiera hablaba el mismo idioma que yo.

Sin embargo, no estamos tristes por lo que ha pasado. Nada de eso…
Yo sigo pensando que todo sucede por algún motivo, y aunque parezca extraño, ahora nos sentimos más libres que nunca. ¡Se acabaron las penas! Simplemente hemos cogido las maletas y nos hemos ido a vivir a casa de unos amigos.

Y es que desde que conocí a Andrés, no solo he abierto los ojos a muchas cosas; también he aprendido a valorar quiénes son realmente mis amigos. Y por suerte, yo tengo muchos.

¡Qué bueno es tener amigos!
Y los míos… son los mejores del mundo. Aunque no sean los más guapos ni los más limpios; aunque no tengan piscina ni plaza de garaje.
Ellos son lo más importante que tengo en la Tierra. Y con su ayuda pienso seguir adelante, cantando en cualquier sitio donde me quieran escuchar, para poder expresarme y decir bien alto lo que pienso.

¿Y qué pienso?
Que la religión es una mentira.
Que la televisión es un veneno.
Que los que salen en la foto nunca saben nada.
Que los pájaros llevan razón, en todo.
Que nada es lo que parece.
Que todo va a cambiar, por culpa de una canción. Y no seré yo quien la cante, pero haré coros lo mejor que pueda.


Texto: Miguel de Lucas (Dr. Sapo)
Ilustraciones: Diego Alcalá

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