Batracio

Capítulo 9: Gente

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6 Diciembre, 2017

Ayer me sucedió algo increíble.
Nunca antes había derramado ninguna lágrima por nada, y tampoco tenía intención de hacerlo. Exceptuando los niños, que todavía se acuerdan de jugar y no se toman las cosas tan en serio, el resto de los humanos solamente lloran cuando algo horrible les ha ocurrido. Al menos eso pensaba yo. Sin embargo, mi experiencia de ayer lo cambió todo…

Volvía de Barcelona, donde he pasado el fin de semana presentando mis nuevas canciones y visitando a algunos amigos que tengo por allí.
Iba solo en el coche, disfrutando de un precioso atardecer que teñía el cielo con tonos morados y rojizos. La música sonaba a bastante volumen, y los recuerdos del fin de semana se agolpaban en mi cabeza, dibujando una sonrisa en mi cara.

Entonces sucedió.
Al principio fue tan solo una pequeña mota de polvo que se coló en mi ojo por accidente, provocándome un ligero escozor.
Después le siguió una extraña sensación de soledad, que por algún motivo ensanchaba aún más mi sonrisa. Tuve una corazonada, y sentí que algo bueno iba a ocurrir allí mismo, en ese mismo momento.
Después llegaron más recuerdos, como una cascada…
Me acordé de la primera vez que pisé la Tierra, intentando ayudar a aquel niño a cumplir su sueño de volar. Me acordé de su canción, tan distante y tan cercana a la vez, tan triste y tan alegre…
Me acordé de mis amigos los pájaros, que tanto me acompañaron en los primeros años de adaptación. De mis padres, que tanto me enseñaron. Me acordé de tantos sitios en los que he estado, de tantos cristales que he roto por el camino, de tantos amigos que encontré…

Todos mis recuerdos desde que llegué a la Tierra pasaron por delante de mí como escenas de una película. Los coches, las casas, los árboles, la gente… Había mucha gente.

Y entre tanta gente, apareciste tú…
Bailabas al compás de la música, y mi amor por ti era tan grande que no podía contenerlo. Me inundó por completo, y después llenó todo lo que había a mi alrededor.

Entonces sentí unas ganas enormes de llegar a casa, para poder darte un beso y decirte lo mucho que te quiero. Mi corazón se puso blandito, y mis ojos se exprimieron como una naranja.

Lloré como un niño…
Al comprender, por primera vez, que en la Tierra hay una persona a la que puedo echar de menos, más incluso que a mi propio planeta.


Texto: Miguel de Lucas (Dr. Sapo)
Ilustraciones: Diego Alcalá

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