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Discurso de boda

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10 Septiembre, 2018

Hace bastantes años descubrí, o más bien comprendí, que los Reyes Magos existen. No hablo de los padres. Hablo de los Reyes Magos de verdad, los que son capaces de hacer realidad cualquier sueño.

De vez en cuando les pedía alguna cosa, y siempre seguía el mismo ritual. La noche de reyes, antes de acostarme, escribía en un papel lo que deseaba que me trajeran durante el año. A la mañana siguiente me levantaba, leía la nota, y después la quemaba en la chimenea.

Por supuesto, los Reyes Magos siempre han cumplido con mi petición. Todavía les sigo escribiendo, pero cada vez menos. Supongo que según pasan los años, cada vez voy necesitando menos cosas. O quizá ya no hace falta que les escriba, porque ellos me conocen bien y me lo traen directamente.

Recuerdo perfectamente lo que escribí aquel año 2002 en mi carta a los reyes. La nota decía “Quiero una novia que me quiera, y que me deje hacer lo que me dé la gana”. Bueno, dicho así suena un poco mal. Por suerte los Reyes Magos son muy listos, incluso más listos que yo, y supieron leer entre líneas lo que realmente deseaba.

Aquel año conocí a Conchi, y aunque ella estaba en Huelva y yo en Guadalajara, nos las ingeniamos para comenzar una bonita relación. El amor no conoce fronteras, y los Reyes Magos habían dado justo en el clavo. Jamás hubiera imaginado encontrar una persona tan especial, una compañera de viaje que respetara todos mis sueños, y que me apoyara para hacerlos realidad.

Y aquí estamos, juntos y revueltos 16 años después. Siempre dejé bien claro que jamás me casaría, y que odio las bodas y todas esas mierdas. Pero no contaba con que un día, ella perdería toda esperanza, y bueno… después ya sabéis lo que pasó.

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